La pobreza de tiempo, el costo invisible del modelo laboral fronterizo
Por Guadalupe Parada Gasson
Ciudad Juárez enfrenta una paradoja que rara vez aparece en los indicadores tradicionales de competitividad.
Puede tener empleo, una elevada participación laboral y niveles de informalidad relativamente bajos frente a otras ciudades del país y, al mismo tiempo, imponer a miles de hogares un costo económico que no aparece en la nómina: la pérdida sistemática de tiempo disponible.
El concepto de pobreza de tiempo parte de una idea económica sencilla: después de trabajar, trasladarse, realizar tareas domésticas, cuidar a hijos o personas dependientes y cubrir necesidades básicas como dormir y alimentarse, hay personas a las que prácticamente no les queda tiempo de libre disposición.
Ese déficit importa porque el tiempo, al igual que el ingreso, es un recurso limitado. No puede almacenarse ni recuperarse.
Aquí conviene hacer una precisión respecto de la imagen que circula en redes sociales y que señala que 66% de los mexicanos vive en pobreza de tiempo.
Esa cifra ha sido difundida a partir de mediciones asociadas al Método de Medición Integrada de la Pobreza, utilizado por Evalúa Ciudad de México, metodología que incorpora explícitamente la dimensión del tiempo.
No existe una estimación oficial que permita afirmar que 66% de los habitantes de Ciudad Juárez se encuentra en esa condición. La Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo 2024 del INEGI tiene representatividad nacional, por tamaño de localidad y por entidad federativa, pero no municipal.
Eso no significa que el fenómeno no pueda analizarse en Juárez. Al contrario: cuando se cruzan los datos de empleo, movilidad y trabajo no remunerado, aparece una estructura particularmente susceptible de generar pobreza de tiempo.
Una ciudad que empieza a trabajar antes de amanecer
La primera característica es económica.
Ciudad Juárez continúa siendo una de las urbes mexicanas con mayor dependencia de la industria manufacturera. En el cuarto trimestre de 2025, 39.4% de la población ocupada de la ciudad trabajaba en las industrias manufactureras, una proporción excepcionalmente alta dentro de las ciudades consideradas por la ENOE.
Ese modelo productivo modifica incluso el reloj de la ciudad.
El Plan de Desarrollo Urbano Sostenible del municipio, utilizando una encuesta origen-destino de 2019, documentó 3 millones 248 mil 570 viajes en un día laborable. El propio estudio señala que la actividad manufacturera comienza a generar desplazamientos desde las cuatro de la mañana y alcanza un primer máximo alrededor de las seis. Entre las 4:00 y las 9:00 horas se concentraba 34.01% de todos los viajes cotidianos de un día entre semana.
Esto ayuda a explicar por qué hablar únicamente de una jornada de ocho horas resulta insuficiente.
Para conocer la jornada económica real de un trabajador habría que agregar el tiempo necesario para prepararse, trasladarse, esperar el transporte, regresar al hogar y, en muchos casos, realizar posteriormente trabajo doméstico y de cuidados.
La jornada contractual y la jornada vital no son lo mismo.
764 mil trabajadores y un dato que merece atención
La ENOE correspondiente al segundo trimestre de 2026 estimó para Ciudad Juárez 764 mil 703 personas ocupadas, con una tasa de participación económica de 62.1% y una tasa de desocupación de 2.7%. Además, 77.9% de la población ocupada correspondía a trabajo asalariado y la informalidad laboral se situaba en 28.9%, claramente por debajo del promedio de las 39 ciudades analizadas.
Los resultados del segundo trimestre para ciudades forman parte de la información publicada por INEGI.
Pero dentro de la misma fotografía laboral aparece otro indicador mucho más relevante para esta discusión: 43.9% de la población ocupada de Ciudad Juárez se encontraba dentro de la Tasa de Condiciones Críticas de Ocupación en ese trimestre. El promedio de las 39 ciudades era de 34.8%.
La cifra debe interpretarse correctamente
La Tasa de Condiciones Críticas de Ocupación no equivale a pobreza de tiempo.
INEGI incluye en ella a trabajadores con condiciones inadecuadas por tiempo laboral, ingreso o la combinación de ambos; personas que trabajan menos de 35 horas por causas ajenas a su decisión; quienes laboran más de 35 horas con ingresos inferiores al umbral señalado por la metodología, y quienes superan las 48 horas semanales obteniendo hasta determinado nivel de salarios mínimos.
Sin embargo, el dato revela algo económicamente importante: una ciudad puede presentar relativamente alta formalidad laboral y, simultáneamente, una proporción considerable de trabajadores sometidos a condiciones críticas relacionadas con jornada e ingreso.
Tener empleo formal no resuelve por sí mismo el problema del tiempo.
Las mujeres pagan una segunda jornada
Existe, además, una dimensión que cambia radicalmente el análisis: el trabajo que ocurre después de salir de la empresa y que no aparece en ninguna nómina.
La ENUT 2024 encontró que en Chihuahua las mujeres dedicaban, en promedio, 33.7 horas semanales al trabajo no remunerado, frente a 16.2 horas de los hombres. La brecha era de 17.5 horas cada semana.
Son dos horas y media adicionales por día si se distribuye esa diferencia entre los siete días de la semana.
Es importante insistir en que el dato corresponde al estado de Chihuahua y no exclusivamente a Ciudad Juárez.
Pero sirve para dimensionar el problema estructural: en una economía urbana con elevada participación laboral femenina, horarios industriales y grandes necesidades de movilidad, el mercado de trabajo termina interactuando con una distribución desigual del trabajo doméstico y de cuidados.
Una trabajadora puede terminar su turno en una planta, comercio, oficina o institución, pero su tiempo económicamente comprometido puede continuar durante varias horas en la preparación de alimentos, la limpieza, los traslados escolares, las compras y los cuidados.
Ese tiempo tiene valor, aunque no tenga salario.
El traslado funciona como un impuesto al trabajador
La estructura territorial de Juárez agrega otra variable.
La expansión horizontal de la ciudad, la localización de parques industriales, los nuevos desarrollos habitacionales y la dependencia del automóvil o del transporte colectivo obligan a realizar millones de desplazamientos.
La encuesta origen-destino utilizada por el municipio encontró que 83.23% de las personas invertía hasta 30 minutos en sus desplazamientos.
Pero aun un traslado de media hora adquiere otra dimensión cuando se realiza dos veces al día, cinco o seis días por semana.
Además, ese promedio esconde a los trabajadores que deben recorrer distancias considerablemente mayores o realizar transbordos.
Económicamente, puede entenderse como un impuesto de tiempo.
No llega a las arcas públicas, pero sí reduce el bienestar disponible del trabajador.
Una persona que permanece nueve horas relacionada con su empleo y destina otras dos a movilidad no entrega solamente trabajo a la economía: entrega once horas de su día.
Si posteriormente dedica varias horas a cuidados y trabajo doméstico, la diferencia entre ingreso laboral y bienestar real comienza a ser considerable.
El costo también lo pagan las empresas
La pobreza de tiempo no es solamente un problema familiar. Puede convertirse también en un problema de productividad.
Cuando el trabajador llega después de largos recorridos, duerme menos, dispone de poco tiempo para capacitarse o enfrenta dificultades para atender responsabilidades familiares, aumentan los riesgos de fatiga, ausentismo, rotación de personal y conflictos para conciliar horarios.
En una ciudad que busca transitar de una manufactura intensiva en mano de obra hacia procesos de mayor tecnología y especialización, esa discusión se vuelve todavía más relevante.
El propio IMIP señaló en 2026 que la estructura industrial de Juárez está demandando cada vez más técnicos e ingenieros y que la disponibilidad de capital humano constituye uno de los desafíos de la transformación productiva local.
La competitividad futura, por tanto, no depende únicamente de cuántos trabajadores pueda atraer Ciudad Juárez.
También dependerá de cuánto tiempo y calidad de vida pueda ofrecerles fuera de la fábrica.
El tiempo también es infraestructura
Aquí aparece la dimensión pública del problema.
Una avenida congestionada, una ruta de transporte insuficiente, una escuela demasiado alejada de la vivienda o la inexistencia de servicios de cuidado no solamente representan déficits urbanos. También consumen horas.
En julio de 2026, el Gobierno Municipal anunció una inversión de 300 millones de pesos para modernizar la semaforización y estimó que el proyecto podría reducir hasta 24 minutos determinados tiempos de traslado.
Esa reducción es todavía un objetivo gubernamental y no debe presentarse como un resultado comprobado, pero el dato revela que la propia administración reconoce que la movilidad tiene un costo medible en tiempo.
La discusión económica cambia entonces de escala.
Construir infraestructura de transporte, acercar vivienda y empleo, ampliar servicios educativos y de cuidados o modificar determinadas formas de organización laboral no solamente mueve personas: redistribuye tiempo.
El nuevo indicador de competitividad
Ciudad Juárez ha medido durante décadas su fortaleza mediante empleos creados, inversión extranjera, exportaciones, establecimientos IMMEX, salarios y crecimiento industrial.
Son indicadores indispensables, pero incompletos.
Una economía puede generar riqueza y, al mismo tiempo, consumir excesivamente el tiempo de quienes la producen.
Por eso, la pobreza de tiempo debería incorporarse al análisis económico de la frontera, no como una consigna, sino como una variable de productividad, movilidad, igualdad y bienestar.
El dato que falta y que Juárez debería comenzar a medir con precisión es sencillo de formular:
¿Cuántas horas libres le quedan realmente a un trabajador juarense después del empleo, los traslados, las tareas domésticas y los cuidados?
La respuesta podría modificar nuestra percepción sobre qué significa que una ciudad sea competitiva.
Porque el verdadero desarrollo no se mide exclusivamente por cuántas personas tienen trabajo.
También puede medirse por cuánta vida les queda después de trabajar.


